Literatura Barroca: El Arte de la Expresión Exuberante

Es el periodo siguiente al Renacimiento, se extiende desde fines del siglo XVI hasta aproximadamente fines del siglo XVII. Se caracteriza por el gusto recargado en las formas del arte: pintura, escultura y arquitectura. En literatura del barroco ese gusto se manifiesta, principalmente, en la expresión compleja y rebuscada. Por esta razón, el término barroco, en el lenguaje común, designa la expresión rebuscada o algún asunto complejo y recargado

El Barroco, como periodo cultural europeo, se da principalmente como una reacción frente a los complejos cambios políticos, sociales y económicos que enfrentan los nacientes estados europeos de la época. El cuestionamiento de la Iglesia católica por parte de Martin Lutero y el consiguiente proceso de reforma y contrarreforma religiosa, las pestes y hambrunas que azotan la península Ibérica durante el siglo XVII, el cambio de los poderes políticos: declive de España como potencia, crecimiento de la burguesía y el capitalismo, son algunos hechos históricos que afectan el pensamiento de la época.

El Barroco se difundirá de manera distinta por los países de Europa, según sean estos católicos o reformistas. Centros importantes de la visión del arte Barroco católico estarán en Francia, España e Italia. En los países protestantes como Holanda e Inglaterra, el Barroco florecerá bajo el espíritu de la reforma religiosa luterana y anglicana.

Características del Barroco

El periodo del Barroco, que tuvo lugar en el siglo XVII, se desarrolló en un momento de crisis generalizada en Europa. Esta crisis fue causada en gran medida por la corrupción de los gobernantes y las interminables y violentas guerras entre católicos y protestantes. En 1618, los calvinistas checos desataron la devastadora Guerra de los 30 años. Estas guerras, junto con las epidemias, causaron una gran reducción en la población europea.

En Francia, el cardenal Richelieu, un personaje astuto, maquiavélico y corrupto, conspiró para debilitar el imperio español. A pesar de ser católico, se alió con los protestantes, al igual que anteriormente el rey Francisco I había intentado aliarse con los turcos. El rey francés Luis XIV se convirtió en un poderoso dominador de la política europea, promoviendo el laicismo. Sin embargo, España mantuvo una posición intermedia entre el absolutismo y el parlamentarismo, evitando la intimidación y la opresión cruel sobre su propia población. Las teorías de la Escuela de Salamanca, que buscaban prevenir el despotismo y la corrupción, contribuyeron en gran medida a esta postura.

Los intereses de las oligarquías locales resultaron muy perjudiciales para España. En 1640, la Generalidad declaró una república catalana bajo la soberanía del rey francés Luis XIII. Las tropas de ocupación mantuvieron la secesión durante doce años hasta que finalmente fueron expulsadas. Esta aventura de la oligarquía catalana resultó en la pérdida del Rosellón para España. En Andalucía, los oligarcas duques de Medina Sidonia intentaron la secesión en complicidad con la armada franco-holandesa y apoyaron la separación de Portugal. Alemania también sufrió una devastación que acabó con un tercio de su población, mientras que los polacos lograron expulsar a los turcos al sur del Danubio.

El fanático puritano inglés Oliver Cromwell invadió Irlanda, derrotó a los escoceses y prohibió el rito católico. La llegada de los padres peregrinos, puritanos que huyeron de Inglaterra y llegaron a Estados Unidos en 1620, no favoreció el desarrollo de la literatura en ese país, que solo comenzó a tener un lugar propio en la literatura mundial a principios del siglo XIX.

En el siglo XVII, Europa quedó dividida en tres principales regiones: la católica, que incluía a los países latinos, Polonia, Irlanda, Austria, la mitad de Alemania y la mitad de los territorios de Flandes; la protestante, que abarcaba la otra mitad de Alemania y Flandes, Escandinavia, Inglaterra y Escocia; y, en tercer lugar, la ortodoxa eslava liderada por Rusia. Gracias al lucrativo comercio de esclavos, Ámsterdam se convirtió en el principal centro financiero de Europa, mientras que Francia se convirtió en la principal potencia política y militar.

Corrientes de pensamiento y creencias religiosas

Los filósofos que ejercieron una gran influencia en el período del Barroco fueron Descartes, Spinoza y Pascal.

Descartes, inspirado por el enfoque matemático de la ciencia, estableció una filosofía racionalista con el objetivo de desarrollar un método científico de conocimiento. Concebía a Dios como un ser sobrenatural y buscó demostrar su existencia de manera racional.

Por otro lado, Baruch Spinoza, de origen portugués y judío, identificó a Dios con la naturaleza, abrazando una especie de panteísmo.

En cuanto a Blaise Pascal, negó que la verdad pudiera ser alcanzada exclusivamente a través de la razón o del análisis de la experiencia. Sostenía que la verdad más profunda solo podía ser descubierta a través del amor, el cual consideraba una manifestación divina inherente a nuestra naturaleza. A diferencia de Lutero, afirmaba que Dios nos creó sin nuestro consentimiento, pero que no puede salvarnos sin nuestra participación activa.

También cabe destacar a Thomas Hobbes, John Locke, Galileo y Newton.

Hobbes sostenía que el ser humano, impulsado por su egoísmo, es un lobo para sus semejantes, y por lo tanto defendía que el Estado debía tener un poder absoluto sobre sus gobernados.

Por su parte, Locke argumentaba que el ser humano no es intrínsecamente bueno ni malo, pero necesita vivir en sociedad. Según él, la razón lleva al individuo a establecer un contrato social que permita la convivencia, y el poder político deriva de ese contrato como un mandato popular.

Galileo interpretó el movimiento del universo utilizando un lenguaje matemático y un enfoque racionalista. Sostenía que el universo está escrito en un lenguaje matemático y su firme defensa del heliocentrismo le generó algunas controversias con los jesuitas de Roma, aunque contrariamente a lo que se ha afirmado, recibió un amplio respaldo de la jerarquía eclesiástica durante la mayor parte de su vida.

Newton, con su ley de la gravitación universal, revolucionó la concepción que se tenía del Universo y abrió una nueva era en la ciencia y la filosofía. Atribuyó al universo características de infinitud, eternidad y un orden establecido por Dios, quien puso en marcha su creación dotándola de leyes que la rigen por sí misma.

El papa León X, conocido por su gusto por el lujo, recurrió a la venta masiva de indulgencias.

El fraile agustino Martín Lutero cuestionó la existencia del purgatorio, la autoridad del Papa, los concilios y el magisterio de la Iglesia. Abolió la mayoría de los sacramentos, excepto el bautismo y la eucaristía. Sostenía que la relación con Dios se establecía de forma individual a través de la libre y personal interpretación de la Biblia. Según Lutero, la salvación o la condenación estaban predeterminadas.

Él y su seguidor Calvino fomentaron la persecución de brujas, aunque España se salvó en gran medida gracias a la existencia de la Inquisición. A pesar de su antisemitismo, el concepto protestante de los elegidos guarda similitudes con el concepto judío de pueblo elegido.

Erasmo se opuso a las tesis de Lutero y argumentó que el ser humano puede superar las consecuencias del pecado con la ayuda de la gracia, la voluntad y la razón. Acusó a Lutero de fomentar el caos y la división en la cristiandad.

En el ámbito ideológico, se difundió una visión pesimista del mundo y del ser humano, lo que llevó a sentimientos de desilusión en algunos casos, moralismo en otros y una actitud evasiva en algunos más.

Características de la literatura barroca

Rompiendo con los ideales estéticos del Renacimiento, el Barroco trae consigo una nueva perspectiva. Mientras que los intelectuales renacentistas concebían un mundo ordenado y claro, donde todo seguía una lógica accesible a la razón humana, los artistas e intelectuales barrocos desconfían de esta visión. Para ellos, el mundo no es completamente lógico ni ordenado, lo que lleva a cuestionar la razón misma. Esta ruptura con los moldes renacentistas impulsa a los artistas a buscar nuevas formas estéticas que expresen sus inquietudes espirituales, como la fugacidad de la existencia y la imposibilidad de comprender plenamente el mundo.

En contraposición a la armonía renacentista, el arte barroco busca la artificiosidad de las formas y la complejidad en la expresión. Esto se evidencia en la literatura barroca a través del uso de metáforas, constantes citas y referencias mitológicas, así como el gusto por el hipérbaton en la poesía. Todo esto con el propósito de sorprender y desconcertar al lector.

El gusto por los contrastes se convierte en una característica distintiva del arte barroco. Los artistas resaltan los contrastes en sus obras, especialmente en la pintura mediante el uso del claroscuro. En la literatura del barroco, los contrastes se manifiestan a través de la combinación de lo bello y lo feo, lo refinado y lo grotesco.

El dinamismo es una cualidad inherente al arte barroco. Las obras presentan imágenes en movimiento, transmitiendo una sensación de vitalidad. En la literatura barroca, se logra esta movilidad mediante la introducción de quiebres inesperados en los versos, el uso del hipérbaton, lo cual genera frases desordenadas y contribuye a un ritmo acelerado y rápido.

Literatura del barroco

Visión del ser humano en la literatura barroca

En el contexto del Barroco, se puede apreciar una visión pesimista hacia la naturaleza humana, donde la confianza en ella es escasa, y esto se refleja en los personajes literarios y en las obras mismas. En el ámbito artístico, se manifiesta una tensión característica de una época marcada por conflictos, que se refleja en una serie de dualidades: idealización/degradación, hedonismo/ascetismo, sueño/hiperrealismo, novedad/tradición.

Se produce, en la literatura del barroco, una reacción contra el espíritu pagano y la sobriedad equilibrada del Renacimiento. Por lo tanto, en el terreno de la expresión artística, se tiende hacia lo retorcido y extremo, representando un estado de desequilibrio emocional acorde con las circunstancias sociales.

El arte se vuelve más refinado y ornamentado, adoptando formas dinámicas y efectistas, así como un gusto por lo sorprendente y anecdótico, las ilusiones ópticas y los impactos visuales. Se observa una predominancia de la representación realista, ya que, en una época de dificultades económicas, el ser humano se enfrenta de manera más cruda a la realidad. Sin embargo, esta realidad cruda a menudo se somete a la mentalidad turbada y desilusionada de la época, lo que se refleja en una cierta distorsión de las formas, efectos forzados y violentos, contrastes fuertes entre luces y sombras, y una tendencia hacia el desequilibrio y la exageración.

Cervantes y Shakespeare se destacan como dos grandes exponentes de la literatura del Barroco y maestros en la creación de personajes. En ambas obras se percibe una pérdida del optimismo renacentista, y el afán clasicista por la armonía retrocede ante la expresión de sentimientos complicados en los que el dolor o el éxtasis predominan sobre la serenidad. Ambos demuestran un dominio excepcional y utilización de recursos formales y estilísticos.

En sus obras, se aprecia una inclinación hacia la profundidad conceptual y una preocupación por el paso del tiempo. Además, otorgan gran importancia a los valores morales y presentan una visión filosófica del mundo de manera integral. En el trasfondo de sus creaciones siempre se encuentra la fe, ya que defienden que la vida se convierte en un infierno sin una fe que la trascienda y le dé sentido. Ambos superan al historiador, al pensador o al científico, ya que sus verdades son más profundas y trascendentales.

Tanto en España como en Inglaterra se desarrollaron teatros nacionales, ambos convertidos en espectáculos de masas. Sin embargo, mientras el teatro inglés estaba impregnado de valores aristocráticos, el teatro español era popular y mostraba una actitud hostil hacia los nobles. A diferencia de Inglaterra, en España el público estaba mezclado y las mujeres tenían permitido actuar en el escenario.

El amor en la literatura del barroco

En la literatura barroca, se sostiene la idea de que el destino inevitable del amante es amar y sufrir, experimentar sentimientos contradictorios de muerte y vida, deseo y renuncia, dolor y orgullo, infierno y gloria. De alguna manera, se encuentra una especie de complacencia en el propio sufrimiento, ya que se trata de un sufrimiento por amor, que era considerado un símbolo de dignidad para las almas nobles, elevándolas en cierto sentido. Por lo tanto, este sentimiento está cargado de contradicciones. La sexualidad se encontraba bajo un estricto control por parte de las autoridades eclesiásticas y civiles. La asociación entre pecado, erotismo y sexualidad era constante, y la Inquisición perseguía una amplia gama de delitos sexuales.

El mal, el pecado, el dolor y la muerte en la literatura barroca

En la literatura barroca, durante el período caracterizado por su estética y visión de mundo, la muerte adquirió un significado trascendental como el fin de la vida terrenal y el comienzo de una existencia más allá. Sin embargo, cuando llegaba el momento inevitable, muchas personas se cuestionaban profundamente sobre cómo habían vivido sus vidas y si habían actuado en conformidad con los preceptos religiosos. Al mismo tiempo, algunos perdieron la fe en el cristianismo debido a los conflictos entre católicos y protestantes. Estos individuos buscaron refugio en las ciencias como una nueva vía para orientarse hacia un futuro diferente y así confrontar la muerte con nuevos conocimientos y perspectivas.

El anhelo de trascendencia en la literatura del barroco

El ser humano es inherentemente incompleto, lo que lleva a que las grandes obras trasciendan sus propios límites. En la literatura barroca, también se observa esta conexión directa entre las obras y los grandes dilemas existenciales, donde se busca encontrar respuestas a preguntas eternas: ¿cómo podemos encontrar un propósito en la vida? ¿Cómo podemos participar en ese propósito? Estas interrogantes estarán muy presentes en la literatura barroca, ofreciendo respuestas que reflejan cierto pesimismo.

Grandes autores de la literatura barroca

España

Uno de los máximos exponentes de esta corriente literaria fue Francisco de Quevedo, cuya prosa y poesía reflejaban la profundidad de los conflictos y contradicciones del ser humano. Sus versos, cargados de metáforas y recursos retóricos, capturaban la esencia del barroco literario.

Otro autor destacado fue Luis de Góngora, cuya poesía se caracterizaba por su estilo complejo y hermético. Sus versos, llenos de alusiones mitológicas y juegos de palabras, desafiaban la comprensión del lector y eran un verdadero despliegue de virtuosismo literario.

No se puede olvidar a otro de los grandes autores de la literatura del barroco: Miguel de Cervantes, autor de la aclamada obra “Don Quijote de la Mancha“. Aunque su obra trasciende los límites del barroco, su estilo narrativo reflejaba la ironía y el ingenio característicos de esta época.

Además, la literatura barroca contó con la presencia de otros grandes autores como Baltasar Gracián, conocido por su obra “El Criticón“, y Sor Juana Inés de la Cruz, una de las más destacadas poetisas del siglo XVII.

Inglaterra

Uno de los destacados escritores barrocos ingleses es John Milton, reconocido por su magistral obra épica “El paraíso perdido“. En esta epopeya, Milton exploró temas religiosos, políticos y filosóficos con una prosa magnífica y una profundidad intelectual que lo convirtió en uno de los principales exponentes de la literatura del barroco.

Otro autor relevante de la literatura barroca es John Donne, conocido por su poesía metafísica. Sus versos se caracterizan por su ingenio y su habilidad para combinar elementos cotidianos con cuestiones teológicas y filosóficas más abstractas. Donne se destacó por su estilo provocador y su uso innovador de la metáfora.

Entre los principales autores de la literatura barroca no se puede dejar de mencionar a William Shakespeare, aunque su obra trasciende los límites temporales y estilísticos del barroco, su producción teatral se desarrolló en gran parte durante este periodo. Sus obras, como “Hamlet” y “Romeo y Julieta“, reflejan la complejidad psicológica de los personajes y la exploración de temas existenciales propios de la época.

Francia

Uno de los principales exponentes de la literatura barroca en Francia fue Pierre Corneille. Este prolífico dramaturgo es conocido por sus obras teatrales que exploraban las pasiones humanas, los conflictos morales y los dilemas éticos. Sus tragedias, como “El Cid” y “Cinna“, se caracterizan por la grandiosidad de sus temas y la profundidad psicológica de sus personajes.

Otro autor destacado de la literatura del barroco es Jean de La Fontaine, conocido por sus fábulas. Estas breves narraciones poéticas presentan animales antropomorfizados que transmiten enseñanzas morales y reflexiones sobre la condición humana. La Fontaine destacó por su estilo elegante y su habilidad para combinar entretenimiento y reflexión filosófica en sus escritos.

Además, no se puede olvidar a Madame de La Fayette, cuya novela “La Princesa de Clèves” es considerada una obra maestra de la literatura barroca francesa. Esta novela psicológica aborda temas como el amor, los celos y la moralidad en la sociedad cortesana del siglo XVII, y destaca por su estilo refinado y su exploración de la complejidad de las emociones humanas.

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