Marcos Sastre

El otro padre de la educación

"El fin supremo de la sociedad es elevar a la dignidad de hombre por la educación, hasta el último y más destituido de sus miembros..."
Marcos Sastre

Habitualmente se recuerda a Marcos Sastre como el fundador, en 1837, del Salón Literario en su librería de Buenos Aires, donde se reunían Juan Bautista Alberdi, Miguel Cané(p), Juan María Gutiérrez, Esteban Echeverría, Vicente Fidel López, y otros. En estas tertulias discutían sobre arte, literatura, cultura y política basándose en las ideas de un romanticismo que tomaba a Europa por asalto. 

Sin embargo, esto fue sólo un momento de su larga vida. 

Fue librero, educador y escritor. Su entusiasmo y fervor va a llevarlo hacia la educación, y la historia pedagógica argentina le debe el primer impulso serio y la visión de un futuro más promisorio.

Desde sus inicios en la enseñanza en 1847 hasta el día de su muerte, el 15 de febrero de 1887 a los 78 años de edad, no abandonó un solo momento la función docente, a la cual consagró todas sus energías, tanto en la fortuna como en la desgracia.

Contenidos

Biografía de Marcos Sastre

Sus primeros años

Marcos Sastre nació el 2 de octubre de 1808 en la ciudad de Montevideo, en ese entonces parte del antiguo Virreinato del Río de la Plata. Sus padres, Don Antonio Sastre y Doña Gerónima Rodríguez eran fervientes y públicos adherentes a las ideas revolucionarias que estaban gestándose en el interior del territorio virreinal.

Su padre era español, pero ambos eran propagadores de ideas liberales de independencia, y Marcos heredó esa fuerza patriótica y un rígido concepto del deber.
La familia completa debe trasladarse a Concepción del Uruguay ante la invasión portuguesa a la Banda Oriental y, posteriormente, se mudan a Santa Fe en el año 1816. Ahí conoce el Río Paraná.

“En mi infancia —escribe Sastre— arrancado por primera vez de los muros de la ciudad natal, me hallé un día absorto y alborozado, en aquel sitio encantador.
Más tarde, en la edad de las ilusiones, lo visité impelido por los placenteros recuerdos de la niñez y creí haber hallado el edén de mis ensueños de oro; y hoy, en la tarde de la vida, cuando la innoble rivalidad ha obscurecido la aureola de mis esperanzas, lo he vuelto a visitar con indecible placer…” (Cap. I).

El río constituye una constante emocional en la vida de Marcos Sastre, un testigo de su infancia, juventud y vejez.

Marcos Sastre 1859

Vida académica

Inicia su vida académica en 1827 en el colegio Montserrat de Córdoba, donde es merecedor de una beca para estudiar pintura. Viaja a Buenos Aires durante un año, pero regresa a Córdoba para continuar sus estudios superiores filosóficos y científicos. Así logra recibirse en la Universidad de esta ciudad como Doctor en Filosofía.
En esa ciudad conoce, hacia 1831 a su esposa, Doña Jenara de Aramburu, con la cual va a tener 14 hijos en total.
Fue, de cualquier manera, un autodidacta, ya que el grueso de su formación intelectual debió muy poco a las aulas universitarias. En 1832 publica su primera obra didáctica Epitome Historiae Sacrae. Fue declarada por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires como de uso obligatorio tanto en universidades como en escuelas. Lo mismo hizo la Universidad de Buenos Aires.

El Salón Literario

A mediados de julio de 1833, ya residiendo en Buenos Aires, inaugura su propia librería. El aviso inaugural decía así:

NUEVA LIBRERÍA
En la calle de la Reconquista núm. 54, menos de cuadra y media de San Francisco para Santo Domingo. Se hallarán en ella obras clásicas sobre varias materias: Derecho, Legislación, Política, Filosofía, Moral, Religión, Educación, etc. Libros elementales para el estudio de los idiomas latino, castellano y francés; y para las primeras letras. Excelentes devocionarios, y algunas buenas novelas.

Pintura fina de diversas clases, hojas de marfil para la miniatura, pinceles finos ingleses y de la Gran China, papel de marquilla, lápices negros para dibujo de la mejor clase de París, estudios o modelos para dibujo, papel de música, y otros muchos objetos pertenecientes a las ciencias y bellas artes. Hay también varios artículos de mercería y perfumería exquisita: todo a precios moderados.

En dicha librería se compran toda clase de libros y papeles, manuscritos o impresos, nuevos o viejos, en castellano o en latín, griego, francés, inglés, portugués, etc.

La nueva librería comenzó muy rápidamente a identificarse con el nombre de su propietario, quien se propuso reunir ahí “toda especie de objetos que tengan relación con las ciencias y las artes”. Para todo Buenos Aires era “La librería de Sastre”.
Para 1835 decide buscar instalaciones más amplias para su negocio ya que se clientela aumentó de manera dramática y, luego de una breve búsqueda, consigue un nuevo local en la calle Reconquista Nro. 72, al lado de donde se encontraba la original. Decide, además, llamarla “Librería Argentina”.

Decide organizar en su librería, con la colaboración de parroquianos y amigos, una especie de “club de discusión, de conversación y lectura” al cual va a llamar “Gabinete de Lectura”. El mismo iba a estar abierto a diario desde las 7 de la mañana hasta las 2 de la tarde, y de las 5 de la tarde hasta las 10 de la noche.

Se ofrecían cientos de libros, los precios eran accesibles y permitían hacer apuntes y extractos de los libros. Fue un éxito inmediato.
Ya en 1837, decide, con los más calificados habitués de su negocio una institución cultural de cierta jerarquía.

Fue el lugar donde Echeverría pudo diseminar su palabra, donde las ideas románticas pasaron de mente en mente aprovechando la efervescencia juvenil, donde las inquietudes intelectuales pudieron saciarse. A Marcos Sastre le corresponde el mérito de intuir el sentido de la oportunidad y de vislumbrar en la misma la iniciación de una etapa esencial en el desarrollo argentino.

El apoyo fue instantáneo. Pero necesitaban un lugar más grande. Es así que el 16 de mayo de 1837 queda habilitada la nueva sede de la Librería Argentina, en la calle Victoria núm. 59. Se cree que el Salón Literario, como llamarían a esta institución, inicio sus actividades el 23 de junio de 1837.
Marcos Sastre, Juan María Gutiérrez y Juan Bautista Alberdi pronunciaron discursos el día de la inauguración. Se instaló en dos amplias habitaciones en la trastienda de la librería de Sastre.

Cientos de libros adornaban las paredes entre las que, durante horas y a diario, discutían y debatían Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, Juan Thompson, Esteban Echeverría, Félix Frías, Miguel Irigoyen, los hermanos Rodríguez Peña, Balcarce, Vicente Fidel López, Gervasio de Posadas, Carlos Tejedor, Pastor Obligado, Mariano Sarratea, José Mármol, etc. Leían, debatían…

Luego se sumarían Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, José Antonio Wilde, entre otros.

Pronto se convirtió en el tema obligado de las conversaciones de la gente culta de la ciudad. Pero la existencia del Salón Literario sería efímera. Más allá de la simpatía de Rosas hacia sus actividades, la Sociedad Popular Restauradora no veía con buenos ojos lo que ocurría en la librería.

La crisis bélica y económica que estaba viviendo el territorio de la Confederación durante este año hizo propicio que la gente “del vulgo” comience mostrar su descontento con la gente culta (los identificaban con los unitarios), a los que acusaban y amenazaban por las calles.
El fin del Salón Literario estaba cerca. Rosas también va a presionar para que sea cerrado.

El 15 de enero de 1838 se publicó el primer anuncio comunicando el remate de todas las obras de la Librería Argentina. El 19 de mayo de ese año cerraría sus puertas para siempre.

Salón Literario
Integrantes del Salón Literario - 1837

El Escritor

Luego del final del Salón Literario, Marcos Sastre, tras ser despojado y perseguido por el régimen rosista, se retira con su familia a San Fernando, cerca de Tigre, donde se dedicará a escribir y a tareas agropecuarias para poder sostener económicamente a su familia. Instaló una escuela, donde comenzó, también, su tarea como educador.
Aquí comienza la etapa más fértil de su vida como escritor. Escribe en 1837 sus “nociones para la cría de las ovejas y refinamiento de lanas”; luego vendrán sus “Cartas a Jenuaria” de 1840, donde acusa a la tiranía rosista.
A estos escritos se van a sumar innumerables ediciones de planos topográficos, compendios de historia y reglamentos para colegios primarios y secundarios. Los va a continuar con trabajos sobre educación popular, métodos de lectura, tratados de geografía, cuaderno caligráficos, observaciones sobre material y construcciones escolares, planos, mapas, etc.
En 1849 editará, ya viviendo en Santa Fe, la “Anagnosia”, resultado de pacientes observaciones y su evidente pasión por la niñez escolar, el cual detalla un método para leer de manera veloz. Se convirtió rápidamente en el libro de texto de las escuelas de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. Luego vendrá su “Consejos de oro sobre la educación”.

Todos estos libros buscaban eliminar el gran problema que Marcos Sastre observaba en nuestro territorio: el analfabetismo.
En 1858 ve la luz su gran creación, “El Tempe argentino”. Esta obra está dedicada al Delta del Paraná, en una comparación directa con un valle griego de nombre Tempe. De ahí el nombre del libro. Describe en él las islas, la vegetación y la variada fauna del Delta, algunos con una profundidad nunca vista hasta ese momento. La belleza y la exuberancia de las islas lo impresionaron tanto que decidió escribir este libro. Aun al día de hoy tiene un valor educativo tan elevado que sigue siendo un libro único en su género.

Sus dotes de observación y de análisis le permitieron captar la realidad y colocarse dentro de la naturaleza y de la sociedad en que vivía, por eso fue siempre eminentemente práctico y su obra educacional estivo destinada a corregir defectos observados o a orientar en prácticas de inmediata realización. “El Tempe” fue dado a conocer por primera vez en Santa Fe, en el periódico “El Sud-Americano”.
En 1865 escribió las “Lecciones de Aritmética con el sistema métrico”, también utilizado por la Universidad de Buenos Aires.

Marcos Sastre

El Educador

En 1844, Marcos Sastre se encuentra nuevamente viviendo en la ciudad de Buenos Aires. Cuando Rosas expulsó a los jesuitas de la Confederación cerraron el colegio “Republicano Federal”, el cual fue reabierto para éste año. Sastre ingresó como Sub-Director, y debió producir información sumaria de competencia, religión y de adhesión al sistema federal para poder acceder al cargo. Hasta tuvo que conseguir dos testigos “federales netos” que debieron asegurar que Sastre era católico, de reconocida moralidad, federal hasta los huesos y con instrucción suficiente. Debió rendir un examen para poder demostrar sus conocimientos para la nueva función.

Dictó varias materias en este colegio: urbanidad, higiene, ortología, caligrafía y aritmética. Además enseñó gramática, caligrafía, ortografía, cosmografía, geografía, dibujo y pintura.
Marcos Sastre fue siempre un ferviente creyente de las ideas federales, pero no de, lo que él consideraba, la tiranía de Rosas.

En 1846 fue “invitado” por Rosas a colaborar en la redacción de la Gaceta Mercantil, pero se negó, lo cual le atrajo nuevamente la ira del gobernador de la provincia, y se retiró nuevamente a San Fernando.
Allí abrió, en su casa quinta, una escuela para varones pupilos y externos. Era una escuela de enseñanza primaria, con materias como: leer y escribir, doctrina cristiana, aritmética elemental y mercantil, gramática y ortografía, historia sagrada, francés, latín, dibujo y pintura. Además de humanidades, filosofía, física y matemáticas.

Este fue el punto donde se inicia la verdadera significación de Marcos Sastre en la historia de la educación en la Argentina, ya que desde entonces se consagró a la enseñanza primaria hasta su muerte.
Aquí desarrolló su método de aprendizaje de lectura y escritura en poco tiempo, que luego sería el método que detalla en su libro “Anagnosia”.
Siguiendo los lineamientos de Rosas, la educación en su escuela era “eminentemente católica, americana y federal”.

A mediados de 1849 se muda, nuevamente, a Santa Fe. Allí le ofrecen hacerse cargo del “Colegio de San Jerónimo”. Marcos Sastre redactó el prospecto de esta institución, que fue publicado el 7 de julio en el periódico provincial “El Sud-Americano”.
Deja en claro la distinción entre instrucción y educación, y su adversión a los castigos corporales. Sastre adoptó los premios como sistema de estímulos, y creó un tribunal formado por alumnos, adelantándose a Sarmiento y el método lancasteriano.
La publicación de su libro “Anagnosia”(del griego “anagnosis”: lectura) fue recibida con gran entusiasmo. Es el libro que van a utiilizar las tres provincias ya mencionadas hasta entrado el siglo XX como método de enseñanza de la lecto-escritura en las escuelas primarias.

Sastre

Además de ser educador, Marcos Sastre alternó su tarea con el periodismo. En junio de 1849 fundó el ya mencionado periódico “El Sud-Americano”, el cual se publicaba los días sábados y hablaba de religión, educación y conocimientos útiles.
En 1850, convocado por el General Justo José de Urquiza, se traslada a Entre Ríos, quien le ofrece hacerse cargo de la redacción del diario “El Federal Entre-Riano”. Poco tiempo va a durar en el cargo ya que lo convierten en Inspector General de Escuelas de la provincia el 1ro de octubre del mismo año. De cualquier manera siguió colaborando con este diario y otros como redactor de artículos educativos.
Entre Ríos, durante el gobierno de Urquiza, se convirtió en el refugio de la educación popular junto a la provincia de Corrientes y, también, en el refugio de los docentes que emigraban de Buenos Aires. Esta provincia estaba estancada en materia educativa.

En 1851, Marcos Sastre redactó un reglamento provisorio para las escuelas de Entre Ríos. Tiempo más tarde se reglamentó uno general, también redactado por Sastre. Todo lo redactado en el reglamento general de Entre Ríos fue utilizado años más tarde por Sarmiento a gran escala en todo el país.
Luego de la batalla de Caseros regresó a Buenos Aires. Se convirtió en el Director de la Biblioteca Pública de la ciudad desde 1852 a 1853. Luego se convirtió en Regente de la Escuela Normal, una grandísima distinción. Finalmente renunció al cargo al emanciparse Buenos Aires de la Confederación y conociéndose su amistad con Urquiza. Terminó siendo detenido y acusado de traición. Finalmente fue liberado, pero le quitaron su propiedad de San Fernando, y necesitó dar clases privadas para poder mantener a su numerosa familia.

En 1855 llega Sarmiento a Buenos Aires, y la cuestión educativa se torna central dentro del Estado bonaerense. Se encarga de que nombren a Marcos Sastre como Inspector General de Escuelas.

El problema de nuestra enseñanza, dice Marcos Sastre en una de sus obras, no consiste en aplicar tal o cual método en boga en los países europeos, sino en encontrar la manera de que nuestros niños aprendan con rapidez, pues lo que hacía falta era eso, saber leer y escribir. Sarmiento había expresado el mismo pensamiento en 1849, cuando decía que las escuelas europeas debían adaptarse a la índole de las poblaciones americanas y que el primer problema que debía resolverse era el de sacudir la pereza intelectual de los pueblos.

En 1857 publicó un informe sobre la enseñanza, que constituye un valioso documento para la historia de la educación. Deja constancia que el atraso de la educación era inherente al de la pedagogía en el país y que la lentitud en el adelantamiento de los niños se debía a la falta de uniformidad en la enseñanza. Esto ocurría, según Sastre, porque aun no se había adoptado ningún plan y cada maestro ponía en práctica el suyo o el que mejor le parecía.
En 1864 fue nombrado Jefe del Departamento de primeras letras. Pero al tiempo renuncia para irse a tomar la dirección de una escuela. Es demasiado fuerte su amor por el aula y por enseñar a leer y escribir.
Algo similar sucede en 1871 cuando es designado Director de Escuelas en Buenos Aires y renuncia al año. En 1874 se convierte en Decano de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, pero renuncia en 1877.
En 1881 abre, como un cierre maravilloso a su vida, una librería en Buenos Aires. Al año siguiente el presidente Roca lo coloca como miembro del Consejo Nacional de Educación. Este sería el último cargo que ocuparía.

“Instrucción primaria a todos, niños y adultos. Cultivar el corazón y la inteligencia del pueblo, enseñarle los rudimentos de la ciencia para exponer ante sus ojos los tesoros de la naturaleza y de la industria— he aquí el único remedio…”(T. Argentino, XIX).

El Final de su vida

“Con los años, don Marcos Sastre, había adelgazado mucho, pero no obstante el peso de los mismos, llamaba la atención aquel anciano de pelo blanquísimo cuya calva dejaba lucir el brillo exterior de la bóveda craneana y que, un tanto nervioso, andaba siempre de prisa y sujetándose los pantalones con las manos a la cintura, como si temiese fueran en un descuido, a caérseles…”.”Era —dice— un espíritu elegante y fino como un ateniense”.

Marcos Sastre falleció el 15 de febrero de 1887 en su hogar, en la ciudad de Buenos Aires.

Decenas de ciudades honran a este hombre nombrando calles, plazas, escuelas. Su legado lo hace un argentino que merece ser reconocido año a año. Y es más que justo.

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